“EL SUR TAMBIÉN EXISTE”

Tal es el título de una conocida canción del autor catalán Joan Manuel Serrat. Esta misma expresión podríamos emplear para referirnos a la producción de nuevos pensamientos, una nueva línea de producción intelectual que se está gestando en el SUR aunque no señalado en términos geográficos, sino, más bien geopolíticos, en síntesis, la elaboración de una nueva episteme, una nueva lógica que al incorporar sus conceptos, nos produce un choque cultural al contrastar este nuevo enfoque con todo lo que hemos aprehendido.

En la Eco Cumbre del año 1992 en Río de Janeiro, Brasil, los líderes de todo el planeta comenzaron a hablar de temas que antes no ocupaban ni una línea en los periódicos, todo lo que concierne al Medio Ambiente, su cuidado, preservación, y de como la existencia misma de la especie humana estaba ligada a estos conceptos.

Un cacique del AMAZONAS, un originario de América que al igual que todos los oradores disponía de cinco minutos para exponer, dijo lo siguiente: “DESPUÉS DE 500 AÑOS DE SILENCIO ME DAN CINCO MINUTOS PARA HABLAR”. Dentro de esta misma tesitura, hoy por hoy, los estudiosos están planteando la imperiosa necesidad de mirarnos hacia adentro, de poner la lupa dentro de nuestros límites geográficos y comenzar a hurgar en nuestras propias raíces para entender e interpretar nuestra historia y que podamos además de revisarla, contarla desde nosotros mismos.

Si somos el producto de una Educación con una vigencia de al menos 300 años, esto implica que varias generaciones de antepasados ya han sido de alguna forma domesticados para mirar las cosas con una sola lente, con la mirada culta y civilizada de los hombres que cruzaron los mares y nos trajeron los adelantos de la sofisticada Europa en contraposición al estilo de vida salvaje y bárbaro de los pueblos originarios.

El proceso de Educación implantado tenía la filosofía de los vencedores porque debemos entender que acá hubo una guerra, un choque de civilizaciones, una guerra de extermino, una campaña de conquista que finalmente determinó la victoria de un puñado de aventureros muy inferiores en números, pero que contaban con la pólvora y los caballos, desconocidos en América que elevó a los invasores a la categoría de semidioses.

El proceso educativo durante siglos nos contó, nos adoctrinaba que finalmente la cultura, la ciencia, los avances técnicos de la época vencieron a las flechas y las lanzas, y, que los chamanes con sus rituales de cánticos y danzas resultaron insuficientes contra el Dios de los blancos que llegaron del Mar….

Recién en las últimas décadas del siglo 20, aparecen nuevas corrientes de pensadores que comienzan a mostrarnos la otra cara de la moneda, la historia vista desde otra ventana, la que nos permite en primer lugar desaprender lo aprendido, de dudar de todo lo que nos han contado, y que en los pueblos pre hispánicos, muchas Etnias lograron avances científicos muy superiores a los que se conocía en EUROPA, que algunas ciudades precolombinas tenían más habitantes que Londres o Madrid, y que los templos Mayas, Incas o Aztecas, hacían palidecer las máximas expresiones arquitectónicas de la civilización Greco-Romana.

Hoy estamos de pie a pesar de todo, buscando encontrar una línea de pensamiento que nos permita entender los procesos sociales, culturales, etc., desde la mirada del Sur geopolítico, con la reflexión que nos permita mirar la historia pasada para reivindicar a nuestros antepasados, de aceptar que somos los continuadores de culturas milenarias, de entender al fin y al cabo, que somos de América, y que de ninguna forma podremos utilizar como solución a nuestros males, ideas que quizás fueron útiles donde se han generado, pero que no son de ninguna forma una suerte de panacea para quienes somos la sangre de Tupac Amaru, de Juana Azurduy, de Ñesu o Gyura Vera o Atahualpa, o Jerónimo, voces que desde 500 años claman por una redención, una redención que finalmente no ayude a romper 500 años de ataduras, de pesadas cadenas culturales que nublan nuestra visión más allá del horizonte.

Contribución del Abog. Pablo Ríos